Educación Vial

Por Malú Lozano
En esta opotunidad quiero hacer mis descargos frente a la actitud que la gente tiene en las calles.

Siempre me he preguntado si será cosa del ser humano, un efecto de la vida aglomerada o una mala actitud heredada de tiempos pasados. Lo segundo lo descarto porque contraejemplos hay muchos y de la observación en el último tiempo como que me inclino más por lo tercero.

Cuando vivía en Viña del Mar recuerdo que el peatón gozaba plenamente de sus derechos establecidos en la ley,es decir, el peatón siempre, pero siempre tiene la preferencia y como buenos peatones-ciudadanos la ejercían donde corresponde, o sea, en las esquinas, pasos peatonales demarcados y proyecciones de las veredas (sí, los pasos de cebra en las esquinas están sólo para recordarnos que toda prolongación de ésta es un paso peatonal). Peatones y automovilistas convivían en forma pacífica.

la vida me llevó a vivir después en Santiago y noté que el asunto era un poco más caótico y lo atribuí a que como era una ciudad más grande, la gente estaba un poco más estresada y a veces sufría de amnesia en lo que a las leyes del tránsito respecta, aún así quedaban pasos peatonales legendarios que eran respetados por todos y donde podías cruzar casi con los ojos cerrados (por ejemplo para cruzar del parque Arauco al Totus). Una que otra imprudencia peatonal, como los que se atravesaban en medio de las avenidas más transitadas, pero salvo eso la cosa era llevadera.

Ahora que estoy nuevamente de provinciana, les puedo contar que en Curicó el tema es otro,  ESTO ES UNA GUERRA POR QUIEN REINA EN LAS CALLES!!! aquí el peatón es el último en la escala de derechos viales frente a un auto, los pasos no se respetan, pobre de la señora con su guaga en coche que quiera cruzar o la abuelita que lleva media hora en la esquina, porque como camina más lento tiene que esperar a que realmente no venga nadie en varias cuadras para atreverse a bajar de la vereda. Pero los peatones nos e quedan atrás, no queridos lectores, ellos ejercen una especie de venganza contra el automovilista, cruzándose en diagonal y sin mirar, por cualquier parte, generando una verdadera carrera de obstáculos. De esta actitud, a parte de ser desastroza y destrozadora de nervios, me llaman la atención dos cosas: primero que hay pocos accidentes o atropellos y segundo, un comentario que recibí una vez, al igual que mi marido, me detuve en paso peatonal para dejar que la gente pasara - “Veo que tú y tu marido practican las mismas malas costumbres”
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